dimanche, juin 12, 2016

jeudi, octobre 09, 2014

El hombre unidimensional. Marcuse. Prefacio.1967


He analizado en este libro algunas tendencias del capitalismo americano que conducen a una «sociedad cerrada», cerrada porque disciplina e integra todas las dimensiones de la existencia, privada o pública. Dos resultados de esta sociedad son de particular importancia: la asimilación de las fuerzas y de los intereses de oposición en un sistema al que se oponían en las etapas anteriores del capitalismo, y la administración y la movilización metódicas de los instintos humanos, lo que hace así socialmente manejables y utilizables a elementos explosivos y «antisociales» del inconsciente. El poder de lo negativo, ampliamente incontrolado en los estados anteriores de desarrollo de la sociedad, es dominado y se convierte en un factor de cohesión y de afirmación. 

Los individuos y las clases reproducen la represión sufrida mejor que en ninguna época anterior, pues el proceso de integración tiene lugar, en lo esencial, sin un terror abierto: la democracia consolida la dominación más firmemente que el absolutismo, y libertad administrada y represión instintiva llegan a ser las fuentes renovadas sin cesar de la productividad. Sobre semejante base la productividad se convierte en destrucción, destrucción que el sistema practica «hacia el exterior», a escala del planeta. 

A la destrucción desmesurada del Vietnam, del hombre y de la naturaleza, del habitat y de la nutrición, corresponden el despilfarro lucrativo de las materias primas, de los materiales y fuerzas de trabajo, la polución, igualmente lucrativa, de la atmósfera y del agua en la rica metrópolis del capitalismo. La brutalidad del neo-socialismo tiene su contrapartida en la brutalidad metropolitana: en la grosería en autopistas y estadios, en la violencia de la palabra y la imagen, en la impudicia de la política, que ha dejado muy atrás el lenguaje orwelliano, maltratando e incluso asesinando impunemente a los que se defienden... El tópico sobre la «banalidad del mal» se ha revelado como carente de sentido: el mal se muestra en la desnudez de su monstruosidad como contradicción total a la esencia de la palabra y de la acción humanas.

La sociedad cerrada sobre el interior se abre hacia el exterior mediante la expansión económica, política y militar. Es más o menos una cuestión semántica saber si esta expansión es del «imperialismo» o no. También allí es la totalidad quien está en movimiento: en esta totalidad apenas es posible ya la distinción conceptual entre los negocios y la política, el beneficio y el prestigio, las necesidades y la publicidad. Se exporta un «modo de vida» o éste se exporta a sí mismo en la dinámica de la totalidad. Con el capital, los ordenadores y el saber-vivir, llegan los restantes «valores»: relaciones libidinosas con la mercancía, con los artefactos motorizados agresivos, con la estética falsa del supermercado.

Lo que es falso no es el materialismo de esta forma de vida, sino la falta de libertad y la represión que encubre: reificación total en el fetichismo total de la mercancía. Se hace tanto más difícil traspasar esta forma de vida en cuanto que la satisfacción aumenta en función de la masa de mercancías. La satisfacción instintiva en el sistema de la no-libertad ayuda al sistema a perpetuarse. Ésta es la función social del nivel de vida creciente en las formas racionalizadas e interiorizadas de la dominación.

La mejor satisfacción de las necesidades es ciertamente el contenido y el fin de toda liberación, pero, al progresar hacia este fin, la misma libertad debe llegar a ser una necesidad instintiva y, en cuanto tal, debe mediatizar las demás necesidades, tanto las necesidades mediatizadas como las necesidades inmediatas.

Es preciso suprimir el carácter ideológico y polvoriento de esta reivindicación: la liberación comienza con la necesidad no sublimada, allí donde es primero reprimida.

En este sentido, es libidinal: Eros en tanto que «instinto de vida» (Freud), contra-fuerza primitiva opuesta a la energía instintiva agresiva y destructiva y a su activación social. Es en el instinto de libertad no sublimado donde se hunden las raíces de la exigencia de una libertad política y social; exigencias de una forma de vida en la que incluso la agresión y la destrucción sublimadas estuviesen al servicio del Eros, es decir, de la construcción de un mundo pacificado. Siglos de represión instintiva han recubierto este elemento político de Eros: la concentración de la energía erótica en la sensualidad genital impide la trascendencia del Eros hacia otras «zonas» del cuerpo y hacia su medio ambiente, impide su fuerza revolucionaria y creadora. Allí donde hoy se despliega la libido como tal fuerza, tiene que servir al proceso de producción agresivo y a sus consecuencias, integrándose en el valor de cambio. En todas partes reina la agresión de la lucha por la existencia: a escala individual, nacional, internacional, esta agresión determina el sistema de las necesidades.

Por esta razón, es de una importancia que sobrepasa de lejos los efectos inmediatos, que la oposición de la juventud contra la «sociedad opulenta» reúna rebelión instintiva y rebelión política. La lucha contra el sistema, que no es llevada por ningún movimiento de masas, que no es impulsada por ninguna organización efectiva, que no es guiada por ninguna teoría positiva, gana con este enlace una dimensión profunda que tal vez compensará un día el carácter difuso y la debilidad numérica de esta oposición. Lo que se busca aquí —su elaboración conceptual sólo está en el estadio de una lenta gestación—, no es simplemente una sociedad fundada sobre otras relaciones de producción (aunque semejante transformación de la base permanezca como una condición necesaria de la liberación): se trata de una sociedad en la cual las nuevas relaciones de producción, y la productividad desarrollada a partir de las mismas, sean organizadas por los hombres cuyas necesidades y metas instintivas sean la «negación determinada» de los que reinan en la sociedad represiva; así, las necesidades no sublimadas, cualitativamente diferentes, darán la base biológica sobre la cual podrán desarrollarse libremente las necesidades sublimadas.

La diferencia cualitativa se manifestaría en la trascendencia política de la energía erótica, y la forma social de esta trascendencia sería la cooperación y la solidaridad en el establecimiento de un mundo natural y social que, al destruir la dominación y la agresión represiva, se colocaría bajo el principio de realidad de la paz; solamente con él puede la vida llegar a ser su propio fin, es decir, llegar a ser felicidad. Este principio de realidad liberaría también la base biológica de los valores estéticos, pues la belleza, la serenidad, el descanso, la armonía, son necesidades orgánicas del hombre cuya represión y administración mutilan el organismo y activan la agresión. Los valores estéticos son igualmente, en tanto que receptividad de la sensibilidad, negación determinada de los valores dominantes: negación del heroísmo, de la fuerza provocadora, de la brutalidad de la productividad acumuladora de trabajo, de la violación comercial de la naturaleza.

Las conquistas de la ciencia y de la técnica han hecho teórica y socialmente posible la contención de las necesidades afirmativas, agresivas. Contra esta posibilidad, ha sido el sistema en tanto que totalidad el que se ha movilizado. En la oposición de la juventud, rebelión a un tiempo instintiva y política, es aprehendida la posibilidad de la liberación; pero le falta, para que se realice, poder material. Éste no pertenece tampoco a la clase obrera que, en la sociedad opulenta, está ligada al sistema de las necesidades, pero no a su negación1. Sus herederos históricos serían más bien los estratos que, de manera creciente, ocupan posiciones de control en el proceso social de producción y que pueden detenerlo con mayor facilidad: los sabios, los técnicos, los especialistas, los ingenieros, etc. Pero no son más que herederos muy potenciales y muy teóricos, puesto que al mismo tiempo son los beneficiarios bien remunerados y satisfechos del sistema; la modificación de su mentalidad y constituiría un milagro de discernimiento y lucidez.

¿Significa esta situación que el sistema del capitalismo en su conjunto esté inmunizado contra todo cambio? Se me ha reprochado que niego la existencia de las contradicciones internas a la estructura del capitalismo. Creo que mi libro muestra con bastante claridad que estas contradicciones todavía existen y que incluso son más fuertes, más llamativas que en los estadios anteriores del desarrollo. Asimismo se han hecho totales. Su forma más general, la contradicción entre el carácter social de las fuerzas productivas y su organización particular, entre la riqueza social y su empleo destructivo, determina a esta sociedad en todas sus dimensiones y en todos los aspectos de su política. Ninguna contradicción social, empero, ni siquiera la más fuerte, estalla «por sí misma»: la teoría debe poder mostrar y evaluar las fuerzas y los factores objetivos. He intentado mostrar en mi libro que la neutralización o la absorción de las fuerzas realizadoras —que se operan en los sectores técnicamente más desarrollados del capitalismo—, no es solamente un fenómeno superficial, sino que nace del mismo proceso de producción, sin modificar su estructura fundamental capitalista. La sociedad existente logrará contener a las fuerzas revolucionarias mientras consiga producir cada vez más «mantequilla y cañones» y a burlar a la población con la ayuda de nuevas formas de control total.

Esta política de represión global, de que depende la capacidad de rendimiento del sistema, es puesta a prueba cada día más duramente. En todo caso, la guerra en Vietnam ha tomado tales proporciones que pueden hacer de ella un hito en la evolución del sistema capitalista. Por dos razones. Primera, el exceso de brutalidad, de agresión, de mentira al que tiene que recurrir el sistema para asegurar su estabilidad ha alcanzado tal medida que la positividad de lo existente encuentra aquí su límite: el sistema en su conjunto se revela ser este «crimen contra la humanidad» que está localizado particularmente en el Vietnam. Segunda, la aparición del límite es visible asimismo en el hecho de que, por vez primera en su historia, el sistema encuentra fuerzas resistentes que no son «de su propia naturaleza»; estas fuerzas no le libran un combate competitivo por la explotación en su propio terreno, sino que significan, en su misma existencia, en sus necesidades vitales, la negación determinada del sistema enfrentándose a él y combatiéndole en tanto que totalidad. Es aquí donde reside la coincidencia de los factores objetivos y de los factores subjetivos del cambio de sentido. 

Y, como no hay ya para el sistema capitalista un verdadero «exterior» —de forma que incluso el mundo comunista determinante y contra-determinante se encuentra comprendido en la economía y la política capitalistas—, la resistencia del F. N. L. es, en efecto, la contradicción interna que estalla. El hecho de que los hombres más pobres de la tierra, apenas armados, los más atrasados técnicamente, tengan en jaque —y esto durante años— la máquina de destrucción más avanzada técnicamente, más eficaz, más destructiva de todos los tiempos, se alza como un signo histórico-mundial, incluso si estos hombres son finalmente derrotados, lo que es verosímil, puesto que el sistema de represión de la «sociedad opulenta» sabe mejor que sus críticos liberales lo que está en juego y está dispuesto a poner en acción todas sus fuerzas. Estos «condenados de la tierra», las gentes más débiles sobre las que gravita con todo su peso el sistema existen en todas partes; son pueblos enteros, no tienen de hecho otra cosa que perder que su vida al sublevarse contra el sistema dominante.

Sin embargo, solos no pueden liberarse; contra todo romanticismo, el materialismo histórico debe insistir sobre el papel decisivo del poder material. En la situación actual, ni la Unión Soviética, ni la China popular, parecen desear o ser capaces de ejercer una contra-presión verdadera: no el juego aterrador con la «solución final» de la guerra atómica, sino, en el caso de la Unión Soviética, aquella presión política y diplomática que pudiera al menos frenar la agresión que se reproduce a escala ampliada. Esta contra-política serviría también para activar la oposición en la Europa occidental. Hay un verdadero movimiento obrero, en Francia y en Italia, que podría aún ser movilizado porque no está todavía integrado en el sistema, encuadrado. Mientras esto no tiene lugar, la oposición en los Estados Unidos, con todas sus debilidades y su falta de orientación teórica, permanece, tal vez, como el único puente precario entre el presente y su posible futuro. La probabilidad del futuro depende de que se detenga la expansión productiva y lucrativa (política, económica, militarmente); a continuación, podrían estallar las contradicciones todavía neutralizadas en el proceso de producción del capitalismo: en particular, la contradicción entre la necesidad económica de una automatización progresiva que implica el paro tecnológico, y la necesidad capitalista del despilfarro y de la destrucción sistemáticos de las fuerzas parasitarias, que implica el crecimiento del trabajo parasitario.

La expansión que salva al sistema, o al menos lo fortalece, no puede ser detenida más que por medio de un contra-movimiento internacional y global. Por todas partes se manifiesta la interpretación global: la solidaridad permanece como el factor decisivo, también aquí Marx tiene razón. Y es esta solidaridad la que ha sido quebrada por la productividad integradora del capitalismo y por el poder absoluto de su máquina de propaganda, de publicidad y de administración. Es preciso despertar y organizar la solidaridad en tanto que necesidad biológica de mantenerse unidos contra la brutalidad y la explotación inhumanas. Esta es la tarea. Comienza con la educación de la conciencia, el saber, la observación y el sentimiento que aprehende lo que sucede: el crimen contra la humanidad. La justificación del trabajo intelectual reside en esta tarea, y hoy el trabajo intelectual necesita ser justificado.



HERBERT MARCUSE Febrero, 1967

jeudi, mars 29, 2012

vendredi, mars 23, 2012

Coliseo

La societé du spectacle. No more, no less. En vista de los desordenes al orden público, se está estudiando una ley para que las manifestaciones se hagan en espacios cerrados. Así se podrán preservar los derechos constitucionales de los que quieren manifestar y de los que quieren vivir en paz. Se diseñará una estructura que satisfaga los requerimientos de seguridad necesarios. Como se trata de preservar el derecho constitucional a "manifestar" (es decir de transmitir contenidos a otros), se permitirá la presencia de espectadores. Manifestantes y policías, convendrán que los enfrentamientos son inevitables y parte esencial del espectáculo, así que se producirán en el espacio previsto para ello.

Los senadores y otras autoridades (civiles y religiosas), podrán venir a observar y -previniendo el fuerte impacto eleccionario-, se podrá amnistiar a los que demuestren mas heroísmo, picardía, astucia o simplemente, simpatía. Como estamos en una República democrática, los espectadores podrán participar en la toma de decisiones. Se estudia un innovador sistema de signos manuales para votar presencialmente.

Como el impacto previsto de esta novedosa modalidad de gobierno -que conjuga libre expresión, mantenimiento de las buenas costumbres, guerra, comunicaciones de masa, gobernanza, entretenimiento, participación popular directa, fortalecimiento de la democracia y profundización de nuestros valores patrios-, será enorme (mucho mayor que cualquier "reality" de la TV), las entradas serán repartidas gratuitamente y permisos otorgados para ausentarse de los trabajos, cuando las representaciones duren varios días. En esas ocasiones, se repartirá también comida y bebida a los asistentes.

Ya que no tiene caballo conocido, y como varias veces le ha salvado la vida, el Presidente de Chile, nombrará senador a su helicóptero. El Congreso pleno se prepara para recibirlo.

¡Larga vida a la República!

jeudi, mars 22, 2012

mercredi, août 18, 2010

mercredi, août 11, 2010

http://ictsd.org/i/publications/79866/

http://ictsd.org/i/publications/79866/

"Cazador Recolector"...tagging, nuevos escenarios al interior del q-gov. Antheory... todoas las personas de imagenes en TV, sobre un derrumbe en una mina, hablando por celular..., la visita a un sitio de Trade, que señala que todo es hipotético en la modelación, protegiendo legalmente a la ley, que debe asumir el mundo cambiante...

dimanche, août 08, 2010

samedi, mars 06, 2010

un correo de respuesta

Mi tan estimado profesor Johnson:

Créame que agradezco su atenta y documentada comunicación (que dicho sea de paso, se ha incrementado con las horas...) Instancias como ésta, en las que se conjugan el afecto sincero y la altura de miras por el conocimiento, se hacen tremendamente necesarias en tiempos de oscurantismo como los que (unos más, unos menos), vivimos.

Vano resultaría insistir sobre la necesidad del ser humano de remitir su existencia a algún tipo de ser superior, por cuanto como lo he señalado en mi condición de humano, al no compartir ese principio, niego la universalidad del mismo. Además, aún aquellos que no piensan como lo hago, condicionan su propia creencia al don o la gracia, de ese otro ser en cuestión, impidiendo por razón del dogma o la verdad de fe, cualquier avance posterior a la razón en la materia. Por otra parte, se que así habitaramos en esa perspectiva mundos diferentes, compartimos el respeto a los valores y principios de cada quien, que de ser genuinos, permiten el diálogo, producen armonía y fomentan la paz. Así, acoto que no era Napoleón, a quien la anécdota remite, sino a Lamarck, que aunque a ambos los acompañamos en la escuela, uno se dedicó al poder y el otro a la ciencia.

Y éste es querido amigo, el punto, como bien lo entiende usted. Y hay ciencias de diverso tipo, en ésta perspectiva de una episteme cartesiana que origina las nuestras a partir de la fragmentación y la diversidad. Cuestión en absoluto trivial, porque precisamente parecieramos ser testigos de un cambio de paradigma. Sin ahondar aquí en el tema, básteme señalar que fenómenos como el Cambio Climático, -en el cual como sabes, hace un par de años que me derrito-..., ejemplifican de pertinente manera, la imposibilidad de establecer relaciones directas de causa a efecto, para explicar la complejidad creciente de los fenómenos complejos. Mas bien la generación de visiones globales que rescaten y sinteticen los aportes parciales de las distintas miradas disciplinarias, para generar decisiones que tradicionalmente son de otro ámbito (Napoleón...), parecen constituir nuestro escenario y el desafío de todos.

No puedo sino ser breve. Y así forme a su vez parte de un nuevo "sistema de creencias" (permítame recordar que tradicionalmente se consideran históricamente tres: pensamiento mágico, pensamiento religioso y pensamiento científico), o de una de sus ramas antropológicas (Hauser, Lévi-Strauss, Marx... en orden inverso), repito, "la naturaleza es una categoría social". Como ve, si a partir del 4° informe del IPCC (2007) (
www.ipcc.ch) y en cuanto al Cambio Climático, esa intuición -no por ello menos científica-, ya es una realidad verificable, me pregunto de que manera constituye una hipótesis de trabajo válida para la geología. No solo por la evidente relación de sus efectos sobre la sociedad, y llego al punto, sino porque nuestro nivel civilizatorio no permite ya ignorar la capacidad tecnológica que hemos desarrollado para modificarla, hacerla dependiente y desparecerla.

Lo que es cierto, es que en el ámbito disciplinario que me compete, el de las Ciencias Sociales y Humanas, que -es pábulo de su riqueza y condición de su existencia-, no son ni tienen por qué ser "exactas", y por eso mismo promueven el conocimiento hacia lo que no se sabe -If I dare to say-. Tal vez por ello desmerecidas, pero mucho más por una época que las niega en función de más que discutibles criterios de pragmatismo (como decía Rousseau "sabemos lo que el progreso nos dá, pero no sabemos lo que nos quita"), han sido no obstante elemento fundamental de la comprensión a través de los tiempos y por esa condición serán seguramente llamadas a cumplir una tarea cada vez mas importante en las comunicaciones en general y en los espacios interdisciplinarios en particular, a medida que se vayan haciendo mas enrarecidos los climas y las mentes.

De allí que me deba a mantener las líneas gruesas del análisis que me permití esbozar en anterior y que encuentran evidentes razones socioeconómicas, a lo que de otra manera resultaría incomprensible o -más fácil y otra vez en el tema-, inexplicable designio superior. Lo reitero, porque me parece que confundirías la explicación de un hecho (la piedra cae porque Juanito la tiró), con la justificación del mismo (Juanito quería botar una manzana con ella). Cierto que son también extensivos y que cuando uno explica, justifica, pero tampoco me detendré más aquí, que ya sabes tan bien como yo mismo, que malamente podría justificar violencia, quien cualquiera aborrece. Y aunque no tenga por que gustarnos o no, Carlos, la razón de las asonadas, es la perversa conjunción de factores que sintetizé: capitalismo salvaje (insalvables diferencias económicas y culturales entre los grupos), frustración, falta de educación, tele-basura, carencia de principios, confusión total en política y carencia de teorías que nos orienten hacia algo diferente a lo que sabemos no querer, indeferenciación al cabo entre el ser y el tener.

Y seguramente otras, mas finas, por cierto, pero que a esas no sabrían negar. Eso, no me gusta, sino que saludo la expresión pura de lo que se hace rato: éste sistema y cualquiera que sea el lugar en que nos toque y que todos tratamos de llevar de la mejor manera posible, es en estricto rigor y como bien lo dijo mi querido Marx: "la prehistoria de la humanidad". Es así. No es que me guste. Probablemente encuentre mas reprobable que otros que si se preocupan por la propiedad, la estulticia que genera.

Y para terminar esta ya extensa reflexión que vuelvo a agradecerte, tengo que insistir (luego de su relectura), en el carácter sólido de la prospección que se adjuntó, que no tiene la ligereza con que pareces calificarla y que honestamente creo que habría que inscribir como un elemento a considerar junto a otros, dentro de las políticas de conjunción de gobierno y academia que la sociedad de geólogos, por ejemplo, propone en el documento que me enviaste. Como hace usted, sin ir mas lejos para avisar de la próxima reactivación volcánica entre Santiago y Temuco. Que no dude, tomaré en cuenta, aunque poco pueda hacer para evitar.
Y para terminar, querido amigo, la ciencia (que es una forma de nombrar una parte del conocimiento), no tiene otros límites que la realidad (si es que la dinámica a la que el concepto remite, los tiene) y con ella se modifica de manera constante. Si hoy fuera imposible prevenir un terremoto, malamente podríamos aseverar que lo mismo ocurrirá mañana... Ya sé que no tiene nada que ver (¿o sí?...) pero yo, por ejemplo, seguramente porque al vivir solo he agudizado mi atención, me ocurre despertarme unos segundos antes de que empiecen los temblores durante la noche.

A lo mejor no es sino otra muestra de que avanzamos hacia la animalidad, en lugar de salir de ella, pero si lo mismo que me pasa le estuviere ocurriendo a otors diez mil (como probablemente ocurre, dada la naturaleza social de nuestros seres) y hubiéremos reconocido la condición y desarrollado la forma de hacerlo saber, por ejemplo con ayuda de internet, estaríamos en presencia de una nueva forma de conjugar intuición y tecnologías, en formas de conocimiento que hoy no son existentes, pero que no por ello no habrían de tener lugar mañana.
¿Se puede imaginar a Leonardo da Vinci con un celular?
Abrazo y felicidad.

social

Compañeros del Alma Plena:

Imagino que están bien. Eso espero. Y es mi deseo para todos.

La naturaleza es una categoría social (Lévi-Strauss)... Tal vez lo más impactante ha sido constatar que tres décadas de neoliberalismo, con una enorme concentración de la riqueza, privatización de la enseñanza y una fuerte cultura mediática orientada unívocamente al individualismo y el consumo, aunados a una carencia de teoría y orientaciones políticas que fueran más allá del “gobierno” -es decir la administración del sistema-, generaron increíbles olas de saqueos y vandalismo.
Ninguna posterior catequesis teledirigida, centrada en el dinero y en el precio que tuvieren las consciencias, permitirá borrar la evidencia de la falta de solidaridad y valores reales que habita al sistema de la inequidad y la violencia. La “obligación” de sacar al ejército a las calles y decretar “toque de queda”, significa una consiguiente merma adicional a nuestras instituciones democráticas.
Y por cierto, ya que se han mencionado los sistemas de creencias. Como dicen que respondió Lamarck a Napoleón una vez, cuando éste le preguntó por qué, en un tratado de 800 páginas no mencionaba ni una vez a Dios: "La ciencia, señor, no requiere de una tal hipótesis". Les adjunto un estudio del 2008, que anticipa con impresionante precisión el fenómeno telúrico que hemos vivido. Ello demostraría que no es el conocimiento el que falta, sino más bien la "voluntad política para conocer".
Viva la República.

lundi, mars 01, 2010

el terremoto como categoría política

¿Tecnología Política? Prefiero intuir que tecpol es más que eso. Refiere directamente al momento actual, una tan intrincada como inextricable mezcla de dimensiones que de otras transformaciones vienen. Políticas y tecnologías, sueños y sociedades, intuiciones y normas, todo se conjuga en sincronía creadora de sentidos. Y en lo que me concierne: me siento bien porque entiendo, pero lo que entiendo no es bueno. Paradoja de una paradoja.

Así dejo dicho para escribirlo luego:

1. La naturaleza es una categoría social.

2. El cambio climático implica una visión no-cartesiana, holística, y así inaugura (ya sin posibilidad ninguna, al menos para los que ya hubieren muerto...) una etapa de "ciencia espiritual", dónde por cierto ni ciencia ni espíritu son lo que eran, es decir aquello que queríamos decir cuando nombramos.

3. El terremoto y el maremoto de la primera luna llena del año del tigre, en Chile, está produciendo un fenómeno político (del poder burdo y ramplón de la evidencia) más que notable. Veamos algunas dimensiones, o simplemente hechos:

a) Asonadas populares saquean los supermercados, el presidente electo llama a la presidenta saliente y ya tenemos al ejército a cargo y toque de queda. No parece haber nadie que relacione los saqueos con la pobreza... sino con la "delincuencia"... y sin duda que habría que cortar el paño de las imagenes de hormigas en fila que capta la televisión desde el aire, en un barrio, sacando productos diversos de un gran depósito. Hombres, mujeres y niños, llevando lo que pueden. La objetivación del consumo reificado como única categoría de humanidad. La naturaleza, les da ahora lo que no pueden lograr por la sociedad, pero que no es la naturaleza que produce y que la sociedad promueve. Lindo.

b) Sería suficiente para graficar el sentido simbólico de la idea, pero además, el terremoto viene a coronar, el principio de la "unidad nacional", que en el fondo, todos quieren: la burguesía (¿o como se puede llamar en síntesis ahora a la clase dominante?...), por tres motivos: porque no tiene gente que conozca el funcionamiento del aparato del Estado, porque así desarma toda eventual oposición de la (no menos eventual) concertación y porque nadie duda que les administramos bien sus negocios, así que ahora lo que se establece es un camino más directo para que recibamos sus instrucciones, c´est tout. Tanto en la anterior como en esta, el manejo total de los media, asume un carácter paradigmático, aunque no sea diferente al que ya tenía. La clase en el poder, fija la agenda.

c) Si bien resulta difícil entender en una lógica de ciencia anclada en la relación causa-efecto, que los terremotos son causados por la acción del ser humano, y dicha explicación pareciera remitir a la consabida imagen milenarista del "castigo", el cambio climático entrega la clave y es el camino para entender que es así: nada ocurre en el planeta que no sea humano, nada ocurre al humano, que no sea en el planeta. Sarva sunyata. La forma y el fondo son lo mismo.